Hijos Infinitos:
Cada niño es una esperanza

El programa social de Fundación DAPIN que transforma vidas desde el amor, la educación y el compromiso solidario.

¿Qué es Hijos Infinitos?

Inspirado en el poema del venezolano Andrés Eloy Blanco, «Los hijos infinitos»

La fundación representa nuestra convicción de que cada niño del mundo merece una oportunidad. Porque cuando se apoya a un niño, se ilumina a toda una comunidad.

¿Cómo funciona?

El programa Hijos Infinitos concede becas mensuales a niños de primaria y secundaria en situación de extrema pobreza en Venezuela. Nuestro proceso incluye:

Selección Rigurosa

Solo se admiten niños en situación de extrema pobreza pero con excelentes índices académicos y familias estructuradas.

Seguimiento Contínuo

Acompañamiento académico, médico, odontológico,  psicológico y social por parte de voluntarios locales.

Apoyo Real

Nuestras becas representan un ingreso muy importante para estas familias, en muchas ocasiones, el más importante.

Trabajo Voluntario

El 100% del equipo trabaja sin remuneración. El financiamiento de DAPIN va dirigido 100% a los niños, niñas y adolescentes beneficiarios del programa.

Transformamos realidades. En cifras.

+ 0

niños beneficiados

0 %

de permanencia escolar

+ 0 %

de mejora en nutrición

0

jornadas médicas comunitarias

+ 0

voluntarios activos

Compromiso
ético

En Hijos Infinitos, cada gesto cuenta.

Todos los colaboradores de Fundación DAPIN, incluyendo el equipo de Rotary Club, actúan de manera completamente voluntaria y altruista. Esto garantiza que el 100% de los fondos llegue directamente a los hogares de los niños.

Nuestro compromiso va más allá de lo económico: es humano, transparente y sostenido por valores.

Creemos en el poder transformador de la educación, y en DAPIN la impulsamos con acciones reales.

Súmate al cambio. Haz posible un futuro mejor.

Tu empresa, fundación o acción individual puede marcar la diferencia. Desde donaciones hasta alianzas institucionales, cada apoyo cuenta.

Los Hijos Infinitos

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.

Andrés Eloy Blanco